Spanish Songs of Old California: Preservation

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Over the years, staff members at the Southwest Museum have undertaken efforts to preserve the recordings and make them accessible. They copied some 450 wax cylinders to other formats. Preservationists at Yale University copied them on to aluminum discs in the 1930s. In the following decade, the Library of Congress copied many of the Spanish songs to ten-inch acetate disks. Later, in the 1960s, these formats were put onto reel-to-reel tapes. Finally, in 1984, they were transferred onto cassette tapes. But all of these formats have deteriorated significantly, and earlier copying techniques and technologies did not properly pick up the sonic information. In the mid 1980s, Dr. Michael Heisley began once again to rerecord the cylinders with grant funding from the National Endowment for the Humanities. In the summer of 1990, the project shifted to a group of volunteers from California Antique Phonograph Society.

Heisley met with Dan Reed, a local historian and vintage sound recording aficionado. Both were passionate about preserving the priceless treasures inscribed on the Southwest’s wax cylinders. They quickly realized that time was of essence if the wax cylinder sounds were to be rescued from destruction. The original cylinders had begun to succumb to the ravages of time and handling, and many were broken. Because the grant period was over, there were no funds available to help support the effort, so saving the sounds would have to be a labor of love.

Dan Reed recruited Dr. Michael Khanchalian, a local dentist and amateur historian, and Mark Ulano, a well-known Hollywood sound man, to help with the project. Khanchalian managed the various forms of vintage equipment designed to set the cylinders in motion. Precisely ground elliptical styli prepared in Britain were used to engage the sound grooves without causing wear. Ulano then recorded the sounds onto digital media for permanent archival storage. Reed kept the team organized, made vocal selection identifications, and put each recording into historical context.

One of the group’s earliest tasks was to bolt the cabinets holding the priceless collection to the walls, to prevent falls and fracturing during earthquakes. The Northridge quake proved a successful test of this retrofit. Then, Khanchalian began the painstaking task of restoring the broken cylinders so that they could be transcribed anew.

We know now that many of the songs on the cylinders haven’t died out. There are families and groups in Southern California, such as Los Californios of San Diego, who still recognize and perform many of the songs Lummis recorded. Even so, the recordings are historic artifacts that reveal much more than the music and lyrics of a song. They also give us an idea of the musical styles and the technology of those times, and they are a living record of the voices of Angelenos now long gone.

 

A lo largo de los años, el personal del Museo Suroeste ha emprendido esfuerzos para preservar las grabaciones y hacerlas llegar al público, copiando unos 450 cilindros en otros formatos.

En los años treinta, especialistas en preservación de la Universidad de Yale copiaron el sonido de los cilindros en discos de aluminio. Durante la década siguiente, la Biblioteca del Congreso Estadounidense copió varias de las canciones en español sobre discos de acetato. Despues, en los años sesenta, estos formatos se tranfirieron a cintas magnetofónicas. Finalmente, en 1984, se transfirieron a cintas de cassette. Pero todos estos formatos se han deteriorado bastante, y las tecnologías antiguas no captaron la información sonica de la manera más apropiada. A mediados de los años ochenta, el Dr. Michael Heisley comenzó de nuevo a grabar los cilindros, con fondos otorgados por el Fondo Nacional Para las Humanidades. En el verano de 1990, el proyecto se cambió a un grupo de voluntarios de la Sociedad Anticuaria Fonográfica de California.

Heisley se reunió con Dan Reed, un historiador local que era aficionado de las grabaciones de sonido antiguas. Los dos tenían un profundo interés en preservar los tesoros inestimables inscritos en los cilindros de cera del Museo Suroeste. También se dieron cuenta que el tiempo apremiaba si los cilindros de cera habían de ser rescatados. Los cilindros originales habian empezado a sucumbir a los estragos del tiempo y el maltrato, y varios estaban rotos. Como el plazo del subsidio había terminado, no habían fondos disponibles para apoyar el esfuerzo, así que el rescate de estos sonidos tendría que ser un trabajo hecho por amor.

Dan Reed reclutó al Dr. Michael Khanchalian, un dentista local que tambien era historiador aficionado, y Mark Ulano, un conocido técnico de sonido en Hollywood, para ayudar con el proyecto. Khanchalian se hizo cargo de los diversos y añejos aparatos que pondrían en marcha a los cilindros. Agujas elípticas, pulidas con exactitud en la Gran Bretaña, se utilizaron para obtener el sonido de los surcos sin deteriorarlos. Ulano entonces grabó los sonidos en medios digitales para que pudieran archivarse permanentemente. Reed mantuvo al equipo organizado, identificó las voces en las selecciones, y puso cada grabación en su contexto histórico.

Una de las primeras tareas para el grupo fue la de aferrar los estantes que contenían esta invalorable colección a las paredes, para evitar que los cilindros se cayeran y fracturaran durante terremotos. El terremoto de Northridge proveyó una prueba exitosa de esta adecuación sismica. Entonces, Khanchalian empezó la minuciosa tarea de restaurar los cilindros rotos para que pudieran ser transcritos de nuevo.

Sabemos que muchas de las canciones en los cilindros no han desaparecido. Hay grupos y familias en California del sur, como los Californios de San Diego, que todavía reconocen y cantan muchas de las canciones grabadas por Lummis. Aún así, las grabaciones son artefactos históricos que develan mucho más que la letra y música de una canción. También nos dan una idea de los estilos musicales y la tecnología de aquellos tiempos, y son un registro viviente de las voces de Angeleños ahora desaparecidos.